Habitualmente, tendemos a considerar que la pérdida de audición simplemente es un problema limitado al oído. Pero nada más lejos de la realidad. La pérdida de audición tiene consecuencias en nuestro organismo en su conjunto, como por ejemplo en nuestra salud mental. Durante los últimos años, la ciencia ha ido encontrando indicios de que las consecuencias de una mala audición pueden afectar a la salud mental. Hoy en día sabemos perfectamente que cuando se oye mal tenemos problemas de comunicación con el resto de las personas y con el entorno, dejamos de disfrutar de placeres como escuchar música, por ejemplo. Estas consecuencias afectan de manera significativa a nuestra calidad de vida, y en consecuencia a nuestra salud mental, aumentando el riesgo de desarrollar demencia.

Por ello, invertir en protección auditiva es fundamental en el mundo laboral, ya no sólo como un requisito de prevención de riesgos laborales sino por la salud y calidad de vida a largo plazo del personal laboral.

Consecuencias de la exposición al ruido en la salud mental

En primer lugar, el efecto más conocido que todos pensamos automáticamente cuando se piensa en ruido corresponden con los daños en el aparato auditivo, como acúfenos, hipoacusia e incluso llegar a perder totalmente la capacidad auditiva. Además, el exceso de ruido en el entorno laboral provoca agitación, estrés en el personal laboral, e incomodidad, factores que favorecen la falta de concentración y, por tanto, una menor productividad.

Sin embargo, existen otros efectos nocivos en la salud, no menos importantes que los anteriores, como los que se destacan a continuación.

Enfermedades y/o alteraciones hormonales

Un exceso de ruido aumenta la producción de catecolaminas que son hormonas de respuesta al estrés, aumentando la sensación de alerta, agresividad y aumento del ritmo cardíaco.

Enfermedades cardiovasculares

Como se ha comentado antes, la exposición al ruido aumenta el estrés, aumentando el ritmo cardíaco, exigiendo un esfuerzo cardiovascular adicional. Esto puede tener como consecuencia la aparición de trastornos cardiovasculares. En diversos estudios científicos internacionales, como uno reciente en la industria textil de Bangladesh, en la que la mitad de los empleados expuestos al ruido desarrollaban algún tipo de enfermedad cardiovascular.

Problemas de salud mental

El estrés es un mecanismo de defensa a adaptativo que los mamíferos como los seres humanos tenemos desarrollado para sobrevivir frente a una amenaza. El ruido provoca estrés, la sensación en la persona de que un peligro acecha. Como ya se ha comentado antes, el estrés provoca producción de hormonas provocando una serie de respuestas físicas y mentales. Si esta situación de estrés se mantiene en el tiempo de manera permanente, además de los problemas fisiológicos como los hormonales y cardiovasculares, puede acabar perjudicando la salud mental de la persona, desarrollando trastornos como ansiedad, depresión y la posibilidad de desarrollar demencia.

Existe una estrecha relación entre oír y pensar, ya que el sonido es un estímulo constante que va a mantener activa una parte significativa del cerebro. Si este estímulo auditivo se debilita, por ejemplo, por una hipoacusia (pérdida de audición), el cerebro cambia, y parece que no para bien.

Diversos estudios internacionales sitúan la pérdida auditiva en la mediana edad como uno de los factores de riesgo que se podrían combatir más importantes para prevenir la demencia. Es decir, lo que se pretende indicar es que la protección de la audición durante toda la vida podría reducir significativamente futuros problemas de deterioro cognitivo.

Los efectos más notables de la exposición al ruido en la salud de las personas expuestas son diversos.

Se han considerado diferentes mecanismos complementarios por los que se podría producir dicho deterioro:

  • Sobrecarga mental: Al perder audición, para entender el conjunto de lo que se está comunicando en un entorno, se exige al cerebro un esfuerzo adicional, debiendo rellenar aquellas faltas de percepción, interpretando señales incompletas, requiriendo un trabajo extra de concentración. Este esfuerzo permanente genera una fatiga cognitiva y a largo plazo puede afectar a funciones como la memoria o la organización del pensamiento
  • Falta de estimulación: En contrapunto a lo anterior, el oído estimula áreas cerebrales concretas y complejas. En caso de que la señal auditiva disminuya, dichas regiones cerebrales pueden reducirse en volumen con el paso del tiempo al requerir menos uso. Como símil, se podría utilizar la falta de actividad en los músculos que se acaban atrofiando.
  • Aislamiento social: Los problemas de pérdida de audición también conllevan a que la persona tienda a no relacionarse públicamente, evitando conversaciones, lugares concurridos y o situaciones en las que se tenga que interaccionar con otras personas. Dicho asilamiento puede provocar problemas como depresión y ansiedad, que también colaboran el deterioro cognitivo de la persona. La pérdida auditiva no tratada suele llevar a que la persona evite conversaciones, lugares concurridos o situaciones que requieran esfuerzo para comunicarse. Este retraimiento puede derivar en soledad, depresión y ansiedad, factores que también aumentan el riesgo de deterioro cognitivo.

Estrategias para combatir el riesgo silencioso del ruido en el entorno laboral

En contra de la percepción generalizada en la sociedad, gran parte de la pérdida auditiva en adultos no se debe a la edad, sino a la exposición al ruido en el entorno laboral. Existen múltiples sectores laborales, como la construcción, la industria pesada, la minería, el mantenimiento o el transporte que exponen a las personas trabajadoras a niveles de ruido que, con el tiempo, dañan de manera irreversible las células sensoriales del oído interno.

Algunos estudios han estimado que entre el 16% y el 24% de los casos de pérdida auditiva en adultos se pueden atribuir directamente al ruido en el entorno laboral. Esto pone de manifiesto que, en muchos casos, no se trata de un problema inevitable, sino que se puede evitar.

Como ya se ha comentado, los efectos son múltiples, desde la pérdida de audición y daños auditivos, pasando por problemas cardiovasculares y de salud mental.

Estos efectos no sólo afectan a la calidad de vida de las personas, sino que también afectan a su capacidad de concentración, de trabajo y su productividad.

Para combatir la exposición al ruido, se debe llevar a cabo la implantación de las medidas preventivas correspondientes. A continuación, se muestran algunas sugerencias no exhaustivas que se podrían implementar para prevenir la exposición al riesgo del ruido.

Reducir el ruido en la fuente

Es una estrategia que puede ser eficaz y brindar buenos resultados a largo plazo. Por ejemplo, la adquisición de maquinaria lo menos ruidosa posible, reducirá la exposición al ruido de todo el personal.

Utilización de equipos de protección individual (EPI) auditivos

Cuando las medidas de prevención colectiva no son suficientes, es necesario utilizar equipos de protección individual auditivos, como orejeras y tapones, teniendo en cuenta factores esenciales como:

  • Selección del protector auditivo según el riesgo, la persona, el entorno de trabajo, la tarea, etc.
  • Formar al personal sobre la importancia de los riesgos derivados de la exposición al ruido, los equipos de protección disponibles, cómo colocarse y quitarse el equipo, su uso, mantenimiento, almacenaje, desecho, etc.
  • Ajuste del equipo según las instrucciones del fabricante.
  • Uso correcto según las instrucciones del fabricante.
  • Cómo quitarse el equipo según las instrucciones del fabricante.
  • Mantenimiento, cuidado y almacenaje según las instrucciones del fabricante.
  • Desecho o retirada de servicio del equipo según las instrucciones del fabricante.

Vigilancia de la salud

Llevar a cabo una vigilancia de la salud correcta para detectar problemas auditivos, cardiovasculares, de salud mental, de manera precoz, así como cualquier otra consecuencia para la salud, para poder evitar que los daños sean irreversibles.

En caso de que sea necesario, se pueden facilitar ayudas auditivas como audífonos, para ayudar a mejorar la calidad de vida de la persona, disminuyendo el riesgo y deterioro cognitivo.

Integración de la salud mental en la prevención de ruido Debido a que la pérdida auditiva puede conllevar consecuencias en la salud mental, se podrían integrar programas laborales de prevención como:

  • Cribados de ansiedad y depresión.
  • Derivación a servicios psicológicos.
  • Campañas de sensibilización.
  • Espacios para hablar sobre salud mental.

Fomento de la cultura preventiva y de la seguridad auditiva

Para fomentar e implantar esta cultura, se pueden llevar a cabo muchas medidas, como:

  • Adicionalmente a la información y formación de concienciación sobre la protección auditiva, brindar actividades divulgativas, formativas, de manera participativa e interactiva con el personal, pudiendo contar con la participación de entidades públicas y privadas, como mutuas, distribuidores, fabricantes, etc.
  • Involucrar e implicar al personal en el proceso de selección de los protectores auditivos, así como en el resto de las acciones preventivas. Fomentar el conocimiento de estos equipos, que el personal los conozca, se los pruebe, verifique si le resultan cómodos, los vea necesarios, útiles, contar con su opinión.
  • Incentivar y reconocer a aquellos empleados que cumplan con las acciones preventivas, así como utilicen correctamente y promuevan el uso de los EPI.

Conclusión

La exposición prolongada al ruido no constituye únicamente daños o problemas auditivos, también puede tener consecuencias diversas no menos importantes. La evidencia científica demuestra que el ruido y la hipoacusia influyen de manera directa en el estrés, el equilibrio hormonal, el sistema cardiovascular y la salud mental, aumentando el riesgo de ansiedad, depresión y deterioro cognitivo, incluida la demencia.

En el ámbito laboral, una parte importante de la pérdida auditiva se puede prevenir, por lo que la protección contra el ruido en una responsabilidad clave desde la prevención de riesgos laborales. La implantación de medidas preventivas eficaces, como la reducción del ruido en origen, el uso adecuado de equipos de protección auditiva, la vigilancia de la salud física y mental, así como el fomento de una cultura preventiva y de seguridad auditiva, resulta esencial para evitar daños que pueden ser irreversibles.

En definitiva, proteger la salud auditiva es proteger la calidad de vida y la salud tanto física como mental de las personas. Fomentar una cultura preventiva y de seguridad no solo reduce enfermedades y mejora el bienestar individual, sino que también repercute positivamente en la productividad, la cohesión social y la sostenibilidad de las organizaciones.

La prevención del ruido no debe limitarse a medir decibelios: debe incluir el bienestar físico y psicológicos de trabajadores y trabajadoras.

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