La salud de los pies, también llamada salud podológica, es un aspecto clave en el bienestar general del cuerpo humano. No obstante, a la vez es uno de los factores que influyen en la salud más olvidados, lo que conlleva consecuencias negativas para la salud y seguridad de las personas que trabajan en entornos laborales con riesgos para sus pies, en los que el uso de calzado de protección es obligatorio.

Los humanos, como animales que hemos alcanzado la bipedestación (andar tan sólo sobre nuestras extremidades inferiores) depositamos todo el peso de nuestro cuerpo sobre dichas extremidades, siendo los pies quienes se van a encargar de soportar la carga y mantenernos en pie. Habitualmente, pasamos muchas horas de pie, caminando o realizando movimientos repetitivos, ya sea en nuestra vida personal o laboral, haciendo que nuestros pies soporten todo el peso del cuerpo durante horas. Si el calzado que llevamos puesto no se adapta correctamente a las características de nuestros pies, pueden aparecer múltiples patologías, no sólo podológicas, sino de todo el sistema musculoesquelético.

El uso prolongado de calzado inadecuado, o mal ajustado, puede afectar negativa en la marcha, la fatiga y el riesgo de tropiezos y accidentes. Por ello, es crucial comprender que, en el entorno laboral, se debe utilizar el calzado de protección que mejor se adapte a la persona, teniendo en cuenta factores como, por ejemplo, los ergonómicos y las características físico/fisiológicas de la persona. Comprender la importancia de la correcta selección del calzado es fundamental para mejorar la calidad de vida del personal laboral, prevenir lesiones y garantizar una protección eficaz.

La importancia de la salud podológica en el entorno laboral

Los pies son una parte del cuerpo muy compleja, formada por huesos, músculos, tendones y ligamentos que, de manera coordinada, nos permiten caminar, mantener el equilibrio y absorber impactos.

En el entorno laboral, en múltiples sectores como, por ejemplo, industria, construcción, logística o sanidad, los pies están sometidos a un estrés continuo.

Por ello, en estos entornos, es imprescindible utilizar calzado de protección contra diversos riesgos como impactos, colisiones con objetos, perforaciones, tropiezos resbalones o aplastamientos. No obstante, si se ha seleccionado un calzado que no se adapta correctamente y/o que no está bien ajustado, este EPI no sólo no va a brindar la protección deseada, sino que, además, puede provocar riesgos añadidos afectando a la seguridad y salud de la persona que lo esté utilizando. Las consecuencias del mal uso se pueden manifestar en forma de lesiones y/o patologías, que pueden llegar a ser crónicas, afectando a la calidad de vida, a la movilidad de la persona y a su productividad en el trabajo.

A continuación, se destacan algunas de las patologías más frecuentes

Fascitis plantar

La fascitis plantar es una de las patologías más habituales, provocando un dolor punzante en el talón. Se produce por la inflamación de la fascia plantar, una banda de tejido fibroso que recorre la planta del pie desde el talón hasta los dedos y cuya función principal es sostener el arco plantar y absorber impactos durante la marcha. El dolor aparece fundamentalmente con los primeros pasos por la mañana o tras estar mucho tiempo de pie o sentado, mejorando con el movimiento.

Suele asociarse a microdesgarros por tensión repetida. En caso de no tratarse, se puede volver crónica y provocar problemas en los pies, rodillas, caderas o espalda al tener que modificar la forma de caminar por el dolor.

Utilizar de manera prolongada calzado inadecuado, sobre todo aquel que no sujeta bien el arco, o no dispone de una amortiguación suficiente, o una distribución incorrecta de cargas, son algunas de las situaciones que pueden favorecer la aparición de esta patología.

Dedos en garra

Los dedos en garra son una deformidad de manos o pies que provoca que los dedos se doblen hacia abajo en forma de garra, generando dolor, problemas en piel y uñas, y, en el caso de los pies, dificultad para caminar.

Una de las causas más frecuentes de los dedos en garra es un mal ajuste del calzado, generalmente cuando existe un exceso de espacio en longitud, pero falta de anchura. En esta situación, el pie tiende a agarrarse al interior del calzado utilizando los dedos para estabilizarse. Al repetir esta posición de los dedos durante el tiempo, puede provocarse la deformidad de los dedos en garra.

Si además el calzado es demasiado estrecho en la zona del antepié, se comprimen los dedos, lo que va a favorecer más una posición anómala de los mismos, aumentando la fricción, pudiendo aparecer callosidades, durezas y lesiones ungueales.

El tratamiento de los dedos en garra varía en función del grado de deformidad. En casos leves, se pueden llevar a cabo ejercicios de estiramiento, utilizar férulas, ortesis y medicamentos para aliviar el dolor. En casos severos, pueden ser necesarias cirugía y rehabilitación.

Una buena prevención para evitar esta patología incluye una buena higiene postural, uso del calzado adecuado, ejercicios de estiramiento y control de enfermedades subyacentes.

Importancia del ajuste del calzado

El ajuste del calzado protector es un elemento esencial para garantizar la comodidad, la utilización correcta y la protección deseada. Un calzado que no se ajusta correctamente puede reducir la eficacia de sus elementos de protección, como la puntera, la suela antiperforación o las propiedades antideslizantes.

Además, un mal ajuste aumenta el riesgo de caídas, torceduras y lesiones crónicas (ampollas, hiperqueratosis, neuropatías, alteraciones biomecánicas), afectando directamente a la salud de la persona y a la seguridad en el trabajo.

Consecuencias de un ajuste incorrecto

Entre las principales consecuencias de un ajuste incorrecto del calzado de protección se destacan las siguientes:

  • Diferencias en las dimensiones internas del calzado con las dimensiones reales del pie, pudiendo dejar un espacio excesivo en longitud. En estos casos, si el pie se desplaza dentro del calzado, la puntera de seguridad puede no proteger correctamente frente a impactos o compresiones, y una suela demasiado holgada aumenta el riesgo de tropiezos y pérdida de estabilidad.
  • Un mal ajuste modifica la interacción entre el pie, la plantilla y la suela. Esto afecta negativamente a la estabilidad necesaria en superficies irregulares o peligrosas, aumentando el riesgo de tropiezos, deslizamientos, resbalones y caídas.
  • Problemas musculoesqueléticos y cutáneos: Si el calzado es demasiado estrecho puede provocar compresión de tejidos, alteraciones circulatorias y daño nervioso. Por el contrario, si es demasiado ancho se puede generar fricción, ampollas, hiperqueratosis y sobrecargas musculares derivadas de compensaciones posturales.
  • Falta de uso o utilización incorrecta del calzado: Cuando el calzado protector resulta incómodo o doloroso, se tiende a utilizar de forma incorrecta o incluso no usarlo, eliminando por completo su función protectora, e incluso pudiendo provocar nuevos riesgos.

Selección de la talla adecuada

Para evitar un mal ajuste del calzado, es esencial seleccionar la talla correcta del calzado protector, teniendo en cuenta:

  • Longitud del pie.
  • Anchura del pie.
  • Volumen del empeine.
  • Características físico-fisiológicas de la persona.
  • Indicaciones del fabricante.

Un ajuste adecuado mejora la comodidad, reduce el riesgo de lesiones y garantiza la eficacia del equipo de protección individual.

Influencia del peso del calzado

El peso del calzado de trabajo es otro factor determinante en la salud podológica y en la seguridad laboral. Estudios recientes han evidenciado que el diseño del calzado de protección influye directamente en la forma de andar de la persona que lo utiliza. El peso del calzado puede influir en la marcha y el esfuerzo físico.

La masa del calzado puede variar considerablemente entre distintos modelos, según el diseño, los materiales empleados, la presencia de puntera de seguridad, el tipo de suela o la altura del empeine.

Efectos de un calzado demasiado pesado

Cuanto mayor es el peso del calzado, mayor es la exigencia física para la persona que lo lleva. A continuación, se muestran algunas de las consecuencias más relevantes de llevar un calzado demasiado pesado:

  • Aumento de la velocidad de contacto del talón con el suelo.
  • Reducción de la elevación del pie durante la fase de balanceo.
  • Aumento del consumo de oxígeno y del gasto energético.
  • Mayor fatiga muscular al final de la jornada
  • Mayor actividad muscular para controlar el movimiento del pie y mantener el equilibrio, reduciendo la fuerza y estabilidad en tobillo y rodilla.
  • Incremento del riesgo de caídas, resbalones, tropiezos y lesiones, sobre todo en entornos donde se requiere una marcha estable y precisa, en turnos de trabajo prolongados y tareas físicas exigentes.

Conclusión

La salud podológica es un elemento clave para la seguridad y el bienestar en el entorno laboral, fundamentalmente en aquellos entornos laborales en los que el uso de calzado de protección es obligatorio. Un calzado inadecuado o mal ajustado puede provocar patologías como la fascitis plantar o los dedos en garra, además de generar alteraciones biomecánicas, aumento de la fatiga y un mayor riesgo de tropiezos, resbalones y caídas, con consecuencias directas sobre la movilidad, la calidad de vida y la productividad de las personas trabajadoras.

Por ello, es crucial llevar a cabo una selección del calzado de protección rigurosa, teniendo en cuenta, además de los riesgos, entorno de trabajo, tarea, etc., los factores ergonómicos y las características físico-fisiológicas de cada persona. Un ajuste correcto, un peso adecuado y un diseño ergonómico no solo garantizan la eficacia protectora del calzado, sino que constituyen una medida esencial para proteger la salud, reducir la siniestralidad y promover entornos de trabajo seguros.

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